Bienvenidos a LAS PÁGINAS VULGARES. Cositas periodísticas de Maurice Echeverría.

Sentado en un árbol de pie: Emanuel Loarca tras el Gran Sueño





Loarca, es decir Emanuel Loarca, es guatemalteco, vive en Nueva York, pero se sabe y es guatemalteco, actúa, lo suyo es siempre eso de actuar, y asimismo dirigir, dirige, lidera la compañía de teatro Akabal, montará, traerá al escenario de La Cúpula, a partir de la próxima semana, una obra que políticamente y provisionalmente ha titulado Yo la pura –pero que en realidad y originalmente se llamaba Yo la puta– por no emborrachar a las amables conciencias, ya saben como es la onda.

Largos y remachantes intestinos del oficio

A Loarca la verdad le gustaría estar en todas las series de televisión. En todos esos sitcoms… le encantan… quisiera tener el suyo propio… como George López…

No tiene su propio sitcom, pero ya ha salido en televisión, es posible que lo hayan visto en series como Sex and the city (donde se le mira argüir con una descontenta Miranda tras la barra de un restaurante), Law and Order Criminal Intent, The Sopranos, Guiding Light, New York Undercover, Secretos.

Papeles chicos por lo general, pero papeles chicos que algo valen en un mercado actoral asquerosamente caníbal y saturado. Los intestinos del oficio son largos y remachantes. Es Duro. Loarca lo dice, cuando le preguntamos si le resultó fácil entrar al circuito televisivo: “No es para nada fácil, para un 98 por ciento de los actores no lo es, sean latinos, asiáticos, o gringos, son años de dedicación y audición tras audición...”

Queda implicado que hay que hacerse actoralmente más rico. Y Loarca eso no lo descuida. Se ha entrenado como actor con una alargada nómina de profesionales –más o menos googleables– siendo algunos Alba Oms, Juan Carlos Mañón, Gloria Zelaya, Hector Luis Rivera, Luis Dorrego, Tom Nelis, Luis Jiménez, Michael Beckett, Rasa Allan Kazlas, Manuel Herrera, Tonyo Meléndes, Kimberly Jentzen, y el colectivo La Pocha Nostra.

Emanuel Loarca ha recibido un premio HOLA (Hispanic Organization of Latin Actors), fue nominado cuatro veces a los premios ACE (Asociación de Críticos del Espectáculo), hasta el FBI le hizo un reconocimiento durante la Celebración de la Herencia Hispana por su excepcional aporte al interés público.

Teatro y filmes

Emanuel Loarca ha participado ya en algunas sesenta obras de teatro, tanto en Chile como Guatemala y Estados Unidos. La familia de Emanuel, una obra autobiográfica en donde interpreta a siete personajes, fue producida por la compañía Teatro Akabal, de la cuál es fundador. Ha trabajado con otros colectivos de teatro –algunos socialmente comprometidos, como Only make believe, Teatro El Puente, East LA Classical Theatre, ayudando por esa vía a educar a la comunidad.

Loarca considera que toda esa actividad teatral ha sido su entrenamiento “para estar listo para cuando la televisión me abra las puertas en grande”.

Y, a la par, la actividad cinematográfica. Filmes en donde ha participado: Collect Call (del guatemalteco Luis Argueta), The Two Men, El regreso de Lencho (del guatemalteco Mario Rosales), Snuff Dogs (en donde comparte créditos con el actor –también guatemalteco– Juan Pablo Olyslager), Delusions of Grandeur, y múltiples cortometrajes.

“En todas estas películas he aprendido mucho. Por ejemplo, en The Two man y Delusions of Grandeur interpreté personajes hermosos de mucha calidad humana que se ven forzados a emigrar a los Estados Unidos para poder comer.”


Loarca es quien dirige
Su trabajo como director incluye obras como la ¡Yo… la puta! (o ¡Yo… la pura!, su título edulcorado) y La Familia de Emanuel, entre varias otras. Muy pronto llevará a escena la obra Sentado en un árbol caído. Por cierto que esta obra ganó el primer lugar del Premio Nueva Dramaturgia Guatemalteca, del Centro Cultural de España, nomás hace un par de semanas. La obra queda descrita así por Loarca: “Sentado en un árbol caído es un unipersonal multimedia, basado en un testimonio de un sobreviviente de la masacre de Río Negro. No quiero apuntar dedos, no soy Dios ni juez, sólo concientizar para que cosas así no pasen en nuestro país y en ningún otro.” La obra será protagonizada por Manuel Chitay Cos cuyo reto será el de representar a unos diez personajes y la música original es de Job Sis, músico de origen Achí.

Se le pregunta a Loarca qué criterios tiene acerca de la red de actores guatemaltecos. Contesta: “Hay actores y actrices fabulosos, que admiro, me encantaría trabajar con ellos. Mucha historia en aquellos que sobrevivieron la guerra civil y mantuvieron el teatro vivo. También hay una efervescencia excitante en las nuevas generaciones que me motiva mucho. Pero también hay muchos con poco entrenamiento, con poca seriedad y respeto a la profesión.”

Emanuel Loarca es fundador del Teatro Akabal. Al respecto, dice: “Nació de una necesidad: tener una voz guatemalteca en el teatro en Los Estados Unidos. Su nombre viene de un nahual maya que significa lo mas oscuro de la noche y el primer rayo de luz, un pie en el antes y otro en el después, usar la sabiduría del pasado para alumbrar el futuro. Y eso es lo que queremos hacer con la compañía: convertirnos en ese enlace entre Guatemala y los Estados Unidos, para presentar a nuestros escritores y artistas.”

Lo cuál conlleva retos muy peculiares. Por ejemplo: ¿cómo transplantar todo ese modo de hablar tan propio, tan específico de los guatemaltecos a un landscape hispano más ancho, más monográfico?  Dice Loarca: Con La Familia de Emanuel tuve muchas críticas y peros al respecto, pero una de las misiones de teatro Akabal es precisamente ésa: exponer y compartir la cultura guatemalteca. Una escritora puertorriqueña me comentó después de ver la obra: “oye nene, no sabía que en Guatemala tenían tantos dichos, ¡qué chévere!”.

¡Yo… la pura! es una historia de sexo en la ciudad, pero no del sexo aéreo de la cosmogonía Carrie/Samantha/Charlotte/Miranda, sino el sexo inclemente, gelatinoso de la calle.

Para que se den una idea, el flyer electrónico describe así la trama: En una de las esquinas más calientes de Nueva York, Pura, una inmigrante guatemalteca de quince años, tendrá que decidir si lo arriesga todo para realizar sus sueños o acepta el plan maquiavélico de su madrina para llegar a la meta mas rápido. Sin embargo la irreverente Gloria no cederá su lugar privilegiado en la esquina tan fácil. Pura tomara una decisión que la confrontará consigo misma y le cambiara el rumbo de sus días.

Enseguida hay que preguntar al director si le molesta haber cambiado el nombre de la obra, esa clase de concesiones beatas con el conservadurismo y la taquilla. A lo cuál responde: “¡Sí! Porque de eso se trata la obra: de no prejuzgar a las personas por el trabajo que desempeñan, sino de enfocarnos en quiénes son como seres humanos. Esa reacción de censura, de rechazo, es la misma que se enfrentan todos los días aquellas personas que desafortunadamente tienen que trabajar en la prostitución.”

Le preguntamos a Loarca si esta obra ha nacido de la pura imaginación o si ya ha efectivamente conocido en la realidad a prostitutas guatemaltecas en los Estados Unidos. Contesta: “La obra es una realidad del día de hoy, conozco amigas que para cruzar la frontera tuvieron que hacer eso, he escuchado testimonios de profesionales y de mujeres cristianas de varios países que buscando el sueño americano encuentran esa dura realidad. Importante es que todos podamos ayudarlas.”

En EU, ¡Yo… la Puta! respondió muy bien, y se estrenó a lleno total. De hecho, regresa a escena en septiembre en el teatro Frida Kahlo de Los Ángeles.

Eso no hace a Loarca ceder su recamado patriotismo: “La obra es guatemalteca porque se estrenó en Guatemala y donde quiera que vaya será testimonio de nuestro arte”. Y procede a expresar emoción por el equipo participante en la obra: “Estoy muy agradecido con Cesia Godoy, Damaris Quisquinay, Evelyn Torres y Manuel Chitay Cos. ¡Son muy talentosos, profesionales y emprendedores!”

Un equipo que no ha sido siempre el mismo (cuando subió la obra en los Estados Unidos, el crew de actrices era otro). ¿Cómo eso ha modulado la obra? ¿Ha cambiado su enfoque de cierta manera? Contesta Loarca: “El alma de la pieza sigue siendo la misma, pero sus vivencias sí han enriquecido el material. Mariana Marroquín –una actriz muy talentosa egresada de la ENAD, quien interpretó a Gloria en Los Ángeles– decía cada guatemaltequismo en los ensayos… Y yo le decía: ¿de dónde te sacaste eso? ¡Eso queda, eso va! Es un trabajo que sigue creciendo.”

En You Tube hallarán afichados varios clips de Emanuel Loarca. Por ejemplo, allí está su representación de “la abuela” –un momento hilarante de La familia de Emanuel– rodeada de las risas del público (y la abuela diciendo: ¿Loca? ¡Loca tu motherfucker!) Ya sea como actor o como director, Emanuel Loarca trabaja por su trabajo. De estar sentado en un árbol, Loarca está sentado en un árbol de pie.



VIVIR EN EU

¿Qué es lo más extravagante que Emanuel Loarca ha visto en Hollywood? Responde sólo así: “Lo plástico y frívolo de algunos seres humanos”.

¿Y por qué es que se fue, para empezar? “No quería ir, era un preadolescente y me encerré en el carro como dos horas. La necesidad empujó a mi madre a buscar oportunidades fuera de su país y ahora me siento privilegiado por haberlas tenido.” Pero Loarca es una de esas personas que coloca reverentemente sus raíces en un muy sagrado cáliz: “Mi deber como ciudadano guatemalteco es ayudar al desarrollo de mi país”.

¿Y en qué está el Gran Sueño Americano hoy en día? La respuesta de Loarca es simple, clara, y bella:

“En darnos la mano.”



EN POCAS PALABRAS

Unas ganas de perro

¿Cuáles son las tres innegociables cosas que un actor hispano tiene que hacer para conseguir un poco de atención en gringolandia? La Loarcarespuesta: “Tener entrenamiento, fe en ti mismo y unas ganas de perro”.

No a la violencia doméstica

“En el cortometraje Sin ti, la cosa fue difícil, porque interpretaba a un hombre que abusa físicamente y mentalmente de la mujer que jura amar. Me recordó mucho a la relación de mi madre y padrastro. ¡No a la violencia doméstica!”

Un varón de teatro

 “Una maestra nicaragüense, Gloria Zelaya, nos dijo a sus alumnos: los mejores actores vienen del teatro. Desde ese momento corrí a hacer teatro...” 

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